Vivir tu piel es aprender a leer más allá de lo visible; es desnudar los capítulos más vibrantes de esto que llamamos vida. Entender que un roce por tu espalda permite a mis manos hallar ese camino que relata mil versos de ti, hasta sentirme vulnerable en tu abrazo, logrando dentro de ti mi conexión más honesta con la vida. Por eso percibo la belleza de tu piel, pura y sensible, umbral de un laberinto donde por fin dialogo con tu silencio. Mientras dibujo sobre el mapa de tu espalda, confieso mis intenciones más profundas: palabras que nacen en la alborada y seducen mi vista. Pero ya hemos cruzado a esa nueva etapa donde habita el lenguaje del tacto, ese que abre tus poros y se alimenta del aliento entre tus pliegues. Ni el peso de las sábanas calma el ruido de nuestro encuentro; simplemente amo lo que brota de ti, ese puerto seguro donde el placer es sutil y profundo, el espacio donde me libero del pasado y se enciende el deseo que el horizonte me quiere mostrar.