Estás hecha de trozos de años,
de batallas que nadie escuchó nombrar,
de silencios que gritaban en la noche
y aun así… aprendiste a respirar.
El tiempo besó tu cabello de blanco,
como si quisiera coronarte en paz,
pero tu risa indomable y viva
no ha aprendido jamás a claudicar.
Perdiste guerras que nadie vio,
cargaste inviernos bajo la piel,
y aunque el amor te dejó cicatrices,
nunca dejaste de sostenerme en pie.
Fuiste faro en mares rotos,
inspiración de no rendirse jamás,
aunque la vida te quiso hundida,
tú elegiste siempre flotar.
Te guardo en ese recuerdo infinito:
baño de mar a medianoche,
cantando como si el mundo
no hubiera intentado romperte.
Dilo bajito…
que el mundo no entiende
cómo alguien tan herido
sigue sabiendo sonreírle a la vida.
Pero sigue así, madre mía,
que la vida no pudo contigo,
se cansó de tu fuerza…
y terminó rindiéndose a tu risa.
Per mia madre