Maria elizabeth Freire

Del Amor

 

Bendito el amor que ignora el calendario,

que asalta, inoportuno, entre las sombras;

ese que prescinde del lenguaje

y habita el cuerpo como un pulso inquieto.

Maldito el que se vuelve celda y vicio,

que enmudece el juicio y abre cicatrices;

maldito el que usurpa su nombre para el daño,

el que calcina en lugar de dar abrigo.

Bendito el amor de engranaje leve,

sin fisuras, latiendo a la vista.

Bendita mi suerte de nombrarte,

de descifrar en el roce de tu acento

la simetría de mi voz,

y el punto exacto donde avanzo.