Niños y niñas de luz,
dones y desafíos vivos en su ser,
belleza en su inocencia,
amor que nos hace renacer.
Ternura en su mirada,
paciencia en la educación,
firmeza sin gritos, sin alzar la voz.
Su avance acompañado día a día
nos da una visión del futuro,
que derriba con ahínco, de a mil,
las barreras del silencio infantil.
Caminan con ternura y valentía,
aman entre cielos y armonías.
La realidad los sustenta
en avances académicos.
La fuerza que los guía:
padres, tutores y educadores,
sostienen sus tiempos:
pasado, presente y futuro,
de sus vidas proyectadas
con el amor de Dios seguro.
Corazones de variados matices,
estrellas por descubrir,
amémoslos y guiémoslos,
veremos sus astros refulgir.
Venus Maritza Hernández