Hoy es un día diferente, las calles respiran sin prisa, y de alguna ventana abierta se escapa una canción que nadie termina.
Salgo de casa a caminar sin destino, no porque me falte rumbo, sino porque al fin no me hace falta.
Y es que el viento lo toca todo cómo si reconociera los nombres que he olvidado.
Porque en medio de todo, sin anuncio ni ruido, algo dentro de mí se acomoda, como una silla que por fin encuentra un lugar exacto en la casa.
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Rafael Blanco López
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