JUSTO ALDÚ

¿QUIÉN SOY YO IV?

No soy la suma de mis ruinas,

ni el saldo en rojo de mis días.

Eso es contabilidad de cobardes.

 

Yo soy la resta:

lo que queda

cuando todo lo demás se cae.

 

No me nombren con sus etiquetas de saldo vencido,

ni me archiven en sus carpetas de hombres resueltos.

Soy un expediente en llamas,

una firma que se rehúsa a fijarse.

 

Me preguntan quién soy

como si la respuesta fuera un objeto,

como si pudiera guardarse en un cajón

junto a las certezas domésticas.

 

Error.

 

Yo no quepo en definiciones:

las definiciones son jaulas con buena gramática.

 

He sido mi propio derrumbe

y también mi albañil sin planos.

Me he mentido con disciplina

y me he dicho la verdad

como quien se arranca una uña.

 

No hay épica aquí.

Hay insistencia.

 

Porque vivir no es una hazaña:

es una terquedad bien ejecutada.

 

Y sí—

quieres mi suéter otra vez,

hacérmelo bocón,

reírte de mis libros bajo el brazo:

Darío, Neruda, Fierro,

Borges, Carpentier, Roa Bastos, el Gabo…

y muchos más que, según tú, no me alcanzan.

 

¿Y qué?

 

Si por desgracia tengo amor sin medida,

un manantial de deseos,

agua incontenida

que no aprende a detenerse,

que siempre corre

y siempre busca el mar.

 

Yo soy ese que sigue

cuando ya no hay discurso que lo sostenga,

cuando el aplauso se oxida

y la fe se queda sin argumentos.

 

El que no pide permiso

ni siquiera a sus propias dudas.

 

El que entendió —axioma simple—:

todo se rompe,

pero no todo se rinde.

 

Y si insisten en saber quién soy,

tomen nota sin metáfora:

soy el que se cae sin ceremonia,

se levanta sin testigos

y continúa

como si el mundo no tuviera la última palabra.

 

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