\"En el rumor del metal y el silencio,
el amor se atreve a decir tu nombre.\"
Te diré, padre: te extraño.
Ha llegado el tiempo del “te amo”,
de hombre a hombre, venciendo
tu ademán huraño.
El tiempo vuela —sabor amargo—,
y más te amo.
De hombre a hombre, juntos, de la mano,
para mirarte fijo. Y aunque ruede,
esquiva, una lágrima por tus hombros
o desde el cuenco de mis manos…
padre mío, hoy te siento hermano.
Habitas un tiempo sin horas,
mientras suena, distante, un viejo piano.
Sus notas graves rompen el silencio
de nuestro mudo trasegar.
De ahí emanan estos versos:
suspiro sacro…
¡Te amo, padre!
De tiempo en tiempo, nuestras almas lloran
si te presiento lejano.
¡Te amo, padre!
En el taller de ruedas, en el pedal,
en la biela rota,
en el piñón que gira —engranaje del consuelo,
el que nos aferra a lo mundano—.
¡Te amo, padre!
Eres el corolario de mis pasos
y el epitafio de lo más humano.
Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.