Presencia seductora
En esta vida pasajera, me siento marchitar,
la primavera pasó
y yo sin siquiera intentar.
Vi el tiempo irse, no lo supe aprovechar.
Los pensamientos me carcomen,
como sombras sin final.
Cansancio que no es sueño:
son las ganas de no despertar,
es el peso en los huesos
que no me deja avanzar.
Camino al borde del abismo
como si fuera mi lugar,
ya no miro hacia adelante,
solo pienso en terminar.
La bella muerte, tan delicada,
me invita a descansar,
presencia seductora que en su silencio no puedo rechazar.
Tentadora es su dulzura,
su manera de llamar,
aunque sé que es un engaño,
una calma artificial.
Vivir se hizo bastante largo,
y doler, algo normal.
Hay un abismo sin reflejo
donde todo deja de estar.
Y otra vez frente al filo,
sin saber si saltar,
porque a veces lo más oscuro
es también lo que da paz.