Tu nombre es un temblor sobre las olas,
Afrodita, nacida bajo un cielo negro,
el mar te canta, y yo me desintegro
cuando tu luz me toca las amapolas.
Tu piel es la memoria del jazmín,
y cada ola que rompe en mi costado
me dice que he amado, que he pecado,
que soy altar de tu perfume sin fin.
Te ofrendo versos, rosas, y mi pecho.
No tengo templo: soy carne que no finge.
Ven, diosa, y haz del gozo un sacrilegio.
Que mi dolor se vuelva tu privilegio,
y que mi voz, desnuda y sin derecho,
te nombre en un mundo do el amor se extingue.
Annabeth Aparicio de León
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