david valencia tobon

La arboleda de cemento

Las calles olorosas y envejecidas son una tupida barba urbana. La dolorosa ciudad se abruma y se asfixia por la mecánica de los días. Los autómatas hacen fichas, inventarios, contabilizan, venden en un grito dentro de otro, ofertas y rebajas.

Tus horas son lánguidas, asfixiadas por la polución y smog vehicular. Van por tus largas barbas serpenteadas en una perspectiva de aflicciones. Las arboledas grises son de-contrucciones, reformas mediocres, fachadas de banalidad y ambición en una neblina densa en que la margarita...

De los parques son rociados por la lluvia dorada del transeúnte, mendigo, perros pulgosos. La dolorosa ciudad lleva consigo gangrena, amputaciones y un cíclico extravío. La arboleda de cemento no le pertenece a la constelación de pasos, ropas, bolsos y perfumes malsanos de las pieles trajinadas.

Dejas abrir tus piernas para germinar muñecos de plástico de aspecto ridículo. Permites que no haya una primavera sino un invierno de deudas, créditos y úlceras. A ti, ciudad, te dejan despojos, miseria, basura y muerte, sin fe...

La ciudad que alguna vez fue un convite, agoniza en los portales de la misericordia, atado y amordazado, dispuesto a la hoguera en que las chispas quemarán. Hay una esperanza que ha dejado de ser amada. ¿Necesitarás morir para ser recordada, inmortalizada en estatua, pintura, cuento, poema, novela?