Amaría amarte con la inconsciencia
que se tiene al dormir,
sin el estrépito de los pensamientos circulares.
Habitar de nuevo esa locura
de llanto ciego y repentino,
aunque el agua no alcance
para apagar los fantasmas
que se cuelan en los ojos.
Volver a los diecisiete, como Violeta,
después de haberlo visto todo.
Sin conocer el mundo,
sin conocerte.
Amar con esa fiebre adolescente,
con el pulso desbordado de mareas,
donde tú y yo
volvamos a ser el
centro del mundo.