Hoy el día no pesa,
pero tampoco flota.
Las cosas están donde siempre,
y eso me incomoda.
El café se enfría
mientras miro una grieta en la pared
como si fuera a decirme algo.
No lo hace.
Mis manos descansan
sobre una mesa que no promete nada.
Yo tampoco.
Mis ojos cansados quieren cerrarse,
pero debemos ir al trabajo.
Dejo la cama sin tender,
evito el orden.
Hago honor a mi caos.
Llego tarde al transporte.
Metro lleno.
Bocinas.
Accidentes.
Prefiero caminar.
Media hora después,
mi jefe espera.
Yo también espero por la vida,
pero la vida
no lleva mi horario.
Y yo cargo
un cansancio
que no cabe en una sola excusa.