Teniendo luz yo miro oscuro;
la noche en mí, se vuelve eterna;
y si los ojos siempre riegan,
constantemente sus diluvios.
Y miro siempre y no vislumbro,
la luz que habita el alma buena
como esa luz de la promesa,
que iluminando va los triunfos.
Y a diario libro las batallas
que se aparecen y me agobian,
que me cercenan toda el alma
en este mundo que devora
como pirañas la esperanza
si corre sangre gota a gota…