VIVIR EN EL PUEBLO
En una localidad pequeña,
donde todas las calles se agrupan
con orden no del todo preciso o riguroso,
y donde todo vecino camina con recelo
aunque no deje de avanzar continuamente.
Donde todas las calles manifiestan
un accidente geográfico exclusivo,
una ligera cuesta arriba, un ensanche, una especie
de plaza, y también alguna plaza porticada
donde se ruedan películas.
Por aquí y por allá dobla una esquina
especialmente tensa, de precario equilibrio
y como a punto de caer sobre los hombros.
Vivir en un pueblo ofrece,
en todos los desplazamientos,
un amable, aunque no siempre risueño,
amago de día soleado.
Gaspar Jover Polo