Al hilo de tu palabra última
de penitente recogida y atenta
hay un perdedor escuchando
el brotar de tu talento.
No en vano, tras la procesión,
espero hilvanar una frase sincera
para ofrecértela en promesa.
Cuanto menos decirte que eres
un aluvión, un torrente,
donde me miro fijamente
para seguir tus pasos.
Hacerte saber que tu senda
hace camino a los que no vemos luz
y espero cada día que no te pierdas
en este vacío mundo.
© Juan Andrés Silvente López