Triana, suena a quejío entre callejas,
a palmas que resuenan sin medida,
a cantes que se arrancan de una herida,
a martinete fiero, y voz de quejas.
A guirnalda de ensueños te asemejas,
abrazada a tu duende, estremecida,
que al alma del flamenco está prendida
con brío, y a los hierros de tus rejas.
Un patio, una guitarra que se afina,
un niño zapatea en la alhucema,
y una voz que desgarra y que ilumina.
Triana, de gitanillas tus balcones,
en donde cada flor es un suspiro
y un poema encendido de pasiones.