Teresita de mi alma,
le agradezco a Dios tu vida
y yo tener la fortuna de llamarte Tita,
siempre te he admirado
y con gran respeto te he amado.
Tus manos ya están flaquitas,
tu corazón se ha hecho chiquito
desde que de tu lado partió nuestro amado Tito.
También están cansadas tus rodillas,
pero eres necia -cómo es de esperarse-
y te sales a pasear al centro o al mercado,
y te vas sin bastón
pero con la bendición de Dios.
¿Cómo no verte con tal devoción?
Si aún con tu vida cubierta de dolor,
tú nos cuidaste y nos diste amor.
Y no un amor a cuenta gotas
un amor de esos que se notan.
Sin pensarlo nos diste techo y nos diste pan,
nos cuidaste del mal que hay en el mundo
y siempre nos supiste guiar
por el camino de la humildad.
Tita,
Teresita querida
Dios te hizo con delicado pincel
y tu corazón lo llenó de su amor
para que obraras por Él.