No soy digno de tus ojos.
Me basta la tenue brisa
del campo
rozando mis linderos.
Me basta la montaña
de pájaros y grillos
preñados y en jolgorio.
No soy digno del atisbo
nada tengo, nada debo.
La casa que habito
es silvestre
le pertenece a la pradera;
la sostiene el pulso de esta pluma
que no se dobla que no se quiebra.
A mí me sostiene la ausencia
Y este bastón inquebrantable
de los años que ya no nombras.
Si! Soy ajeno a tanto ruido,
allá afuera cuando no cayas
lo que yo discrepo.
nada espero con vehemencia
Solo del agua soy sediento,
Y de estas horas sin esfuerzo;
Caen las hojas de otoño,
Así me voy dejando ir
entre una desidia y otra
abrazándome al recuerdo
del árbol genealógico.
Ferrán sorel
©
04-21-26