Diego Ascanio

La conmoción última

Preciso tiempo, pero a este no le importa mi vida.
Solo avanza, rápido, desesperado, hacia el infinito.
Yo no soy eterno, ni voy presuroso a la nada:
me detengo, observo y deambulo.

Necesito afecto, pero el mundo está lleno de indiferencia.
En su inmediatez y angustia quieren abarcarlo todo.
Nunca se alcanza lo absoluto;
el recuerdo apenas persiste.

Miro al cielo, noche y día: solo encuentro el pasado.
¡Qué inquietante es la soledad!
La orfandad que nos preside es también lo que nos justifica.
A nadie le importa pensar en eso.

La muerte me visita todos los días.
Se ríe de mí y yo me río de ella.
Ambos sabemos:
no hay resistencia.

Correr o no, no cambiará nada:
ahí la ironía,
ahí la pausa,
la conmoción última.