En dulces brazos me abrigaste
Aquel día en que nací;
solo amor de ti recibí
hasta el día que marchaste.
Con tus manos me guiaste,
me enseñaste a caminar;
tu palabra era mi hogar,
y tu vida me entregaste.
Dedicación y paciencia tuviste
para este inexperto ser;
que no logra comprender
el vacío que dejaste.
Mi mente ha resistido,
sigue intacto tu recuerdo;
por no perderte me pierdo
al aceptar que has partido.
Mi corazón está lastimado,
duermo y sueño contigo;
pues despierto no mitigo
el sentirme desolado.
Agradezco por el tiempo
en que me amaste tanto;
hoy te conviertes en llanto
y en el cielo te contemplo.