Tanto apuro por sufrir, tanto lio
por no querer resistir y tanta
desazón por no querer amor, como
maldad por solo seguir al temor.
Tanta cancelación no redituable
y maña exagerable, elucubración
sin razón, intuición encomiable.
Tanta desilusión descartable
que no hace mella, como tanta
ambición desechable e insoluble
que no deja la más ínfima huella.
Hernán J. Moreyra