Solía estar encerrado, en pensamientos, si solía decir que hasta una luz me molestaba, ¿Qué hacés de tu vida? Lo que fue poesía es una pasantía prestada, yo nunca escribí poesía porque me gustara personalmente, mucho antes fue por un reconocimiento, y ese fue un error, porque si eligiese lo que a otro le gustara me tiene que gustar a mí... No me gusta mirar a los demás desde el hombro, si por algo intentaba mejorar por mi cuenta, los apuntes, la lectura de la jugada como tanto una habilidad no es un don, yo creo en la base de la singularidad... estuve encerrado en un pozo de piedra, que parecía un estanque con el agua de lluvia y estaba hasta el cuello, como un balde sosteniéndose de una cuerda, esas misteriosas manos no intentaban sostener las mías, sino que soltaban monedas para apostar las suyas.
Al contrario, mi género sólo complementó una parte de mí, y convirtió de mi un arte sin género... Por lo que un día decidí salir de un pozo, sin importar la mancha que dejaba desteñida mi ropa, o lo destruidos que estaban mis zapatos, mis pasos hacían sonidos ahogados y mi voz le costaba salir, al volver a casa me dijeron ¿Te cayó un balde en la cabeza que venís todo mojado? Si, desde las expectativas que uno se espera fue uno de agua fría, por lo que decidí al mes siguiente prepararme con una vieja toalla y un nuevo cuaderno, se habrán borrado con la lluvia pero gracias a ese tiempo se han refrescado en mi memoria. Porque al llover ya conozco los trucos del mal tiempo, y la cortina del negocio puede ser un refugio temporal, pero el hábito de fraternizar con un conocido amigable y bajito ser leal, el conocer los atajos, tener el tiempo y detenerlo, me hizo pensar que una gota, un ser que nunca piensa, que su existencia tiene un segundo de propósito que es sólo caer nunca piensa en ser una nube negra, porque obviamente nunca piensa; por lo que si una persona no piensa su existencia se cae, entonces si una persona pensara en una gota que no piensa ¿Está loco? Puede ser, pero es una nube negra hecha persona que intenta liberarse, y uno no siempre cuenta las gotas que desparrama por la casa, sino que busca un secador de piso y lo limpia por su cuenta echando un perfume de lavanda para olvidar ese aroma a tristeza. Uno debería tener en cuenta, para los amantes de la lluvia, que les gusta ver la lluvia de la ventana pero nunca atravesarla de forma inesperada al salir de una jornada, que la ropa mojada tarda en secarse y que sale cara, como esta cara que tiene cruces de tantas monedas que arrojaban en un pozo y franco, reboso de seriedad al referir estanque y fuente, porque me saldría del alma que nunca fue suerte de que fue otro \"alguien\" que alcanzó ese balde.