La buscaba entre letras,
en cada trazo que su pluma dibujaba,
en las sílabas que armaban historias,
en los versos que su mente inventaba.
Recorría cada página como un sendero,
revisaba cada espacio en blanco,
creyendo que su nombre escondido
aguardaba en algún rincón oscuro y manso.
Pero entre rimas y palabras ordenadas,
entre metáforas y frases construidas,
ella no estaba. Solo el eco vacío
de una ausencia escrita, no vivida.
Era él quien la ponía en cada línea,
quien creaba su sombra en el papel,
mientras ella, libre de sus textos,
respiraba lejos, fuera de su piel.