Extraño las calles con tu nombre,
que me paseaban
por noches vacías
sin el misticismo de tu amor.
A pesar de los años,
me quedé atrapado en la ilusión
de volver a vernos
al final de un día de otoño,
y aquí sigo esperando sentirte
tan destellante
como el colapso estelar
de un nuevo universo
dentro de la infame locura
de esta generación que no sabe amar.
Extraño verte y perderme en tu voz
en el aroma natural que emana
la conexión de dos almas
que niegan querer verse
después de tantos veranos de caos.
Te extraño y quisiera verte,
sentirte,
oírte;
que tengamos una conversación de aquellas
que nunca respondían
por qué seguíamos
si hace unos años
nos mataba la vida.
Te extraño,
pero pronto,
en la soledad de una noche de invierno
entre mis memorias
volveré a buscarte.