Esto no es una confesión.
Amiga,
conocés de sobra la esquina
donde yo te espero.
Conocés mis palabras,
hasta el tiempo preciso
cuando invento la lluvia en una tarde
para decirte te quiero.
El calendario no admite
más licencias de abandono.
Desde ayer aprendí
a decirles a mis amigos
que aquí no hacés falta.
Pero estas calles no mienten,
hay un reproche tácito
en la mirada de cada ventana.
Es inevitable sentir la soledad
cuando las miro sin cortinas
y me doy cuenta
que no hay nada ya
que pueda inventar.