Esto no es una confesión.
Vos ya conocés la esquina
donde te espero.
Conocés mis palabras:
el minuto exacto
en el que invento lluvia
para decirte te quiero.
El calendario no admite
más licencias de abandono.
Ayer dije a los míos
que aquí no hacés falta.
Pero estas calles no mienten:
hay un reproche tácito
en cada ventana.
Las miro sin cortinas
y la soledad es inevitable:
ya no me queda
una sola lluvia
que inventarte.