Tu que fuiste en mi vida la pavesa
que trajera de amor su tibia flama;
recordando tu imagen de princesa,
siempre el alma, soñándote se inflama.
Tu mirada, romántica y traviesa,
de mis sueños es mágico holograma;
con el brillo de límpida turquesa,
de tus ojos, que son de luz la gama.
Yo que fui prisionero de tu encanto,
y bebí de tus labios dulces mieles;
hoy mi verso se viste de quebranto,
dibujando con letras oropeles
de tu estampa, que fuera suave manto
adornado de eróticos pixeles.
Autor: Aníbal Rodríguez.
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