El café humea frío sobre la mesa de madera, mientras el río, ahí afuera, se deshace en la ribera.
Tus manos buscan las mías, un abrazo frente al agua, y el murmullo de los árboles es la única palabra.
Tu voz es mi refugio donde el viento se hace calma, tejiendo los silencios que guardamos en el alma.
No hace falta el destino, ni buscar el camino lejos, si el amor verdadero se refleja en tus ojos, sería todo mi espejo.
Se apaga la luz, nos envuelve el lecho, el mundo es pequeño, nos cabe en el pecho. No hacen falta voces, ni sombras, ni nada, solo este pulso en la madrugada. Entiendo tus suaves caricias, surcadas por tus manos.
Es tu silencio la calma que esperaba, un río fluye alegre, que llega y no se acaba. Y late en mi pecho tu pulso secreto, haciendo del tiempo un solo momento. Y así con sinceridad te amaré por siempre.
RIVAS JOSE
Barinas Venezuela
21-04-2026