el brujo de letziaga

¡Ay, amor mío!

 

¡Ay, amor mío!
que mis manos se desboquen contigo,
en pos de aquello,
que con sus velas busca el viento...

 

Cruzando el vado,
el vasto monte y el alto collado,
hasta el castillo de oro,
donde su brillo nos detenga el vuelo...

 

Y en su salón regio,
brindaremos amantes por el futuro,
con ojos ya sin tiempo,
anudando nuestro latido eterno...