Hoy nos vimos después de tiempo,
y sigues igual de hermosa.
Tus ojos penetrantes,
ese labial rojo que no perdona.
Conversando toda la noche,
y no me cansé de preguntarte: “¿cómo estás?”.
Me perdí cada minuto en tu rostro,
contemplando tu belleza
mientras bebíamos un Monster blanco
y el helado se derretía lento.
Yo sí me sentaría toda la noche mirándote.
En ese tiempo que no nos vimos,
te extrañé y me preguntaba: “¿qué estará haciendo?”.
Me sorprendió que me extrañaras un poco.
Entre charla y charla me atreví:
“¿tienes algún saliente?” “¿ya tienes novio?”.
Y tu “no” me dejó sin respuesta,
porque no entiendo cómo,
si a mis ojos eres perfecta…
los demás estarán ciegos.
Tu presencia causa tranquilidad y alegría.
Las fotos que tomamos con mi cámara
son un recuerdo que guardo,
pero esa que me aceptaste…
salió bellísima.
Siempre en el carro veo tu rostro de cerca
y descubro mucho más la belleza que cargas.
La noche siempre termina a las 23:00,
esperando volverte a ver,
aunque sea unos minutos, unos segundos.
Y me pregunto…
¿cuánto estará un abrazo tuyo?
¿Te molestaría?