por qué sigo aquí
cuando el cansancio pesa
y la noche insiste.
No es fuerza.
Es belleza. Porque existen cosas tan bellas
que me toman con ambas manos
y me sujetan al mundo
como si yo les perteneciera,
como si ellas también
tuvieran miedo de perderme.
El arte,
ese refugio donde el alma respira
cuando el cuerpo no puede más.
El cine,
vidas ajenas que me recuerdan
que sentir duele,
pero también significa estar viva.
La poesía,
palabras que sangran por mí
cuando yo ya no sé cómo hacerlo.
El café,
su aroma tibio en la mañana,
esa promesa pequeña
de que el día aún puede ser amable.
Existen cosas tan simples,
tan bellas,
tan mías,
que por ellas me quedo.
No porque no duela.
No porque todo esté bien.
Sino porque, a veces,
la belleza también es una forma
de abrazo.
Y mientras algo me siga mirando
con amor
un verso, una escena,un aroma
aún no me voy.