La distancia enseña
a medir el tiempo en recuerdos:
tú sonrisa grabada en mi memoria,
tus historias contadas en texto que traduzco
y que me lleva a la imaginación,
como que fuera parte de las aventuras
que se vive mientras narras.
No sé cuántos kilómetros
caben entre mis manos y las tuyas,
pero cada noche una estrella lleva tu nombre
y
le pido que te cuide hasta
que le mapa se pudiera encoger.
Encontramos seria una realidad,
Mientras tanto, te guardo aquí:
entre el corazón y las ganas,
donde la distancia no entra.
No quiero promesas grandes,
Solo el silencio nuestro
que lo dice todo.
¡Quédate que mi café se enfría sin ti!