Me muevo entre sonrisas y tristezas,
me atrapan esas crueles dualidades
sintiendo que las hojas por las calles
el viento las arrastra estando secas.
La música me calma, me alimenta;
y así, como alimenta todo el arte,
quisiera que con arte se desarme,
lo inútil de contar con tantas guerras.
Mas todo me parece que es en vano:
«las letras nada cambian en el mundo
si a diario, lo que bebo sabe amargo;
si priman, en el mundo los más burdos».
Mas siempre yo sonrío, porque trato…
¡Creer más en lo bueno y en lo justo!