Se detuvo la vida en un punto de inercia,
y un silencio de olimpo cubrió nuestra estancia;
el desamor es nave que el escollo comercia,
y encalla en la sombra su rota arrogancia.
Yo te quise con fuego de antiguos amores,
yo te amaba en el rito de la blanca flor;
¿qué destino ha marchito los frescos colores?
¿qué arcano ha robado nuestro alto esplendor?
Ya no exhala el jazmín su fragancia de Oriente,
solo reina la bruma, grisácea y fatal;
el cuento ha llegado a su ocaso durmiente,
y en tus ojos diviso un azul de Chagall.
Yo ordeno los folios de libros marchitos,
viejas letras que el tiempo con polvo selló;
revuelvo en la sombra sagrados escritos
mientras busco el alma que ya se alejó.
De tu imagen los besos por hilos de plata,
y la lluvia es espejo de un lánguido ayer;
tu risa en los muros es música grata
que en copas de sombra se deja verter.
No es suerte de azar ni la edad que nos vence,
todo es leve y fugaz bajo el sol del dolor;
que este rito de sombras, aunque el alma condense,
¡es la esencia divina que tiene el amor!