Compañera,
vos mejor que nadie sabés
cómo es este querer de todos los días.
Este querer que nos crece disparejo,
como crecen los árboles
en el bosque donde nadie los cuida.
Compañera,
aun así,
algo de nosotros reconoce el lenguaje
tierno y despiadado de las estaciones.
Y sobre todo compañera,
cuando veo tu mano
y veo que lleva la mía
imagino,
las sombras de dos árboles
jugando a entrelazarse.