Soy el tronco firme de mi propia vida,
marcado por grietas que el tiempo trazó;
pequeños rasgos de una fe bendecida,
donde el viento, al pasar, mis miedos borraron.
Proyectando en cada hoja una nueva esperanza,
agua sagrada que sana cualquier herida;
creciendo con fuerza, buscando la alianza entre la tierra
y el alma que no se da por vencida.
Desde la raíz que me dio el primer aliento,
subiendo al tronco que hoy me sostiene;
hasta las hojas que bailan al viento,
y la flor de clavel que en su luz me mantiene.