Hoy el calendario susurra en silencio, y mi alma responde con gratitud.
Miro el camino que he recorrido y abrazo cada paso con luz.
He llegado hasta aquí con la vida en las manos, con días de sol y noches de aprender, con heridas que sanaron despacio y sueños que aún me invitan a creer.
Gracias, vida, por tanto regalo, por el aire, la risa, el amanecer, por la salud que sostiene mis pasos y por cada motivo que me enseña a crecer.
Gracias por la familia que me rodea, por su amor constante y su calor, por ser refugio en cada tormenta y alegría sembrada en el corazón.
Agradezco lo vivido y lo incierto, lo que vino y también lo que partió, porque todo ha sido parte del viaje que hasta este instante me trajo hoy.
No pido más que seguir aprendiendo, con humildad, con fe y con paz, con el alma abierta a lo que la vida cada día me quiera entregar.
Y a ti, Dios, elevo mi pensamiento: que se haga tu voluntad en mí, que tu luz guíe siempre mi senda y me enseñe a confiar en ti.
Que lo que llegue me encuentre sereno, decidido, dispuesto a amar, con el corazón lleno de vida y la certeza de seguir siendo yo, con todos mis defectos y mi pocas virtudes, pero auténtico y agradecido.
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Rafael Blanco López
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