La universidad de la vida
La universidad de la vida
no tiene puertas,
ni horarios,
ni libros que te preparen.
Te enseña golpe a golpe,
en silencios largos,
en caídas que nadie ve.
El camino no avisa.
Te pone pruebas
y eres tú
quien decide si seguir
o quedarte en el suelo.
Todo depende
de lo que llevas dentro:
tus raíces,
tus valores,
la forma en que aprendiste a mirar el mundo.
Pienso en mi padre,
en sus manos abiertas,
en su forma de dar
sin preguntar a quién.
Lo poco que tenía
era suficiente
si podía compartirlo.
Eso era su fuerza.
Eso era su verdad.
Y yo…
yo quiero parecerme a eso,
aunque a veces dude,
aunque a veces sienta que no puedo.
Pero no quiero rendirme.
Quiero seguir,
aunque cueste,
aunque duela,
aunque el camino se rompa bajo mis pies.
Porque hay algo que busco,
algo que me llama
desde lejos.
Y sé
que cuando lo encuentre,
lo traeré conmigo,
de vuelta a casa.