Siempre voy a amar
las casualidades de la vida,
ese segundo tarde, ese giro inesperado
que evitó una caída.
Porque en ese mismo descuido
la vida cambia el rumbo,
y sin buscarlo conocés
a quienes hoy son tu mundo.
Gente que llegó de la nada
y decidió quedarse,
mientras otros que juraban siempre
hoy aprendieron a marcharse.
Y duele… claro que duele,
como duele una despedida,
porque hay ausencias que pesan
igual que perder la vida.
Pero así es lo impredecible,
tan injusto y tan real,
te quita lo que creías eterno
y te regala lo esencial.