Cierro los ojos y estoy allí.
No en el lugar donde estoy:
en el lugar donde siempre estaré
aunque me vaya,
aunque pasen los años,
aunque el mundo me lleve lejos.
En tus recodos de geografía tierna,
en tus sombras de palmeras que callaron
los romances de una juventud
que creía que todo duraría para siempre.
Tu brisa recorrió distancias
para encontrar en mí lo que dejé:
el nombre grabado,
la plaza con sabor a domingo,
la capilla cómplice,
y este cuerpo que quiere reposar en ti
como reposa el río en su cauce:
porque no sabe ser
en ningún otro lugar.