Quedé atrapada en un mundo extraño;
mientras más averiguaba dónde estaba,
más me perdía en él...
Lugares llenos de colores y vida
que iban más allá de la imaginación.
Cada cosa que tocaba podía cambiar
por medio de magia: desde un objeto
hasta un pastel,
de algo pequeño a algo inmenso...
Parecía un paraíso.
Cuando llegué a un portal
por donde podía cruzar,
un gato me dijo:
—Si vas por ese portal,
con la cruel realidad te encontrarás.
Quédate aquí, pequeña.
Lo miré de reojo, sorprendida;
parecía un fantasma sonriente...
Le respondí:
—Señor gato, quiero saber cómo es ese mundo.
Aunque me duela, no soy tan frágil.
Ni siquiera sé si de verdad existo
en aquel lugar.
El gato asintió con la cabeza,
permitiendo me avanzar hacia ese extraño mundo...
Aunque una inquietud habitaba mi pecho,
una parte de mí quería quedarse,
pero también era mi decisión
marchar hacia aquel portal llamativo.