Un nombre oculto vive en mi latido,
tras la alegría, habita en lo callado;
regresa como pulso demorado
por la herida feroz de lo perdido.
Camino con la carga de otra suerte,
agradezco al destino y su porfía,
mas guardo entre mis labios todavía
besos que no consiguen desprenderte.
Nuestra visión: apenas deja huella,
un hilo que me amarra a lo vivido;
la tarde en que tu nombre fue encendido
arde intacta la luz de aquella estrella.
Bendigo el sueño, pulso persistente,
donde el tiempo se rinde y se deshace;
allí te espero, donde el sol no nace,
para amarte otra vez, secretamente.
Jesús Armando Contreras.