Si cuando atardece, de decretos sentenciados y de la horca absuelto,
mi perra se me tumba a los pies,
mientras cantan grillos y el viento se acuesta sereno...
Si a la noche se paran guerras y tormentos, y hasta oasis, se vuelven los desiertos...
Si callan flagrante, promesas y retos, mientras el alcaraván desafía, a la ventura del silencio...
Si mi amor late en mi pecho, lejos pero cerca, cerca pero lejos... Y ese amor intacto y perecedero, procura con calma lo venidero...
Si hay ojos que me miran de madrugada, y hasta en la mañana más clara, vivo en sus pensamientos...
Si, yo, tengo cuanto quiero, así, sin magias ni apojeos...
Para qué remilgos ni madejas de terciopelo.
Tengo cuanto quiero.
Lo que quiero, yo poseo.
Déjenme nacer cada día en los enterticios de mis sueños...
Déjenme, ser como soy, libre de oro, mirra e incienso, yo soy la polilla que acurrucada muere y nace y vuela...
Y nadie tiene a bien, decirle que pare su vuelo...