Mateo tenía un talento muy extraño: nunca pedía nada… y aun así, la vida le caía encima como si fuera una promoción 2x1.
Un martes cualquiera salió de su casa decidido a no aceptar absolutamente nada.
—Hoy no —se dijo—. Hoy soy fuerte.
A los diez segundos, una vecina lo frenó:
—Mijo, ¿querés un bizcocho?
Mateo respiró profundo.
—No, gracias.
La vecina lo miró ofendida.
—¿Cómo que no? ¡Si ya te lo calenté!
Mateo siguió caminando… con el bizcocho en la mano.
Dobla la esquina, y un tipo en bicicleta se le acerca:
—Amigo, ¿querés una recomendación de vida?
—No…
—¡Perfecto! Porque te voy a dar tres.
Mateo ya iba perdiendo la fe en la humanidad… o en su capacidad de decir que no.
Llega a la plaza, se sienta en un banco y piensa:
—Listo. Nadie me ve. Paz.
Un perro se le acerca… y le deja una pelota en las piernas.
Mateo suspira:
—Bueno, al menos vos no hablás.
A los cinco segundos aparece el dueño:
—¡Gracias por jugar con él! ¿Querés quedártelo?
—¿QUÉ?
Mateo, ahora con bizcocho en una mano y correa en la otra, decide volver a casa. Pero en el camino, un señor elegante lo detiene:
—Disculpá, tengo una oferta irrechazable.
Mateo, cansado:
—¿Qué cosa ahora?
—Un paraguas. No está lloviendo, pero podría.
Mateo levanta la mirada al cielo… completamente despejado.
—Dámelo —dice, derrotado.
Esa noche, sentado en su cama, rodeado de objetos que jamás pidió (un perro, tres consejos de vida que no entendió, un bizcocho mordido y un paraguas innecesario), llega a una conclusión profunda:
—Capaz el problema no es que la gente ofrezca…
—Capaz tengo cara de “acepto todo”.
En ese momento, el perro ladra.
Mateo lo mira.
—No me digas… ¿vos también me vas a ofrecer algo?
El perro le deja caer una media… que claramente no era de Mateo.
Mateo se queda en silencio… y luego sonríe.
—Bueno… pero esta vez lo acepto porque quiero. 😄
19/04/2026
Dani