Distancia.
La distancia es larga,
lo sigue siendo, infinito
el asfalto, la vía ferrea,
el aire con queroseno
de un avión, el deseo
de amar que nos abarrota.
Distancia, insalvable
—de momento—, esperar
es un arte que requiere
de una ciencia de años
de práctica diaria, diálogo
casi constante consigo,
de convencerse de que ese
es el camino hasta tu seno,
ese, único, que te desemboca,
y que el agua turbulenta
que en la gana bulle
—a veces, insostenible—
es champán celebrante,
y que la sensación que recorre
cada vena es satisfacción
por un trabajo bien hecho,
acabemos juntos o separados,
y que tú hagas lo que decidas
objetivo prioritario, meta.
La distancia es larga
si la contamos en kilómetros
mas, hoy, la tecnología, virtual,
el adminículo del que somos
presos sin remedio, acerca casi
por así decirlo tu olor, tu voz
por descontado, tu sonrisa, tu...
hasta mis aledaños confundiendo
la largueza de la distancia
con la proximidad de tu caricia
y, perplejo, sentir que me tocas,
que estás apoyada de cabeza
contra mi almohada, mirando
que cada uno de tus detalles
se corresponde con el conjunto
mágico de tu cuerpo, que nada
se ha quedado en el icógnito
trayecto que media entre tu celular
y el mío, y hacer realidad virtual
el sueño de vivir juntos.
Distancia, larga, mas salvable,
y llego a acariciarte finalmente,
a sentir que esta locura es posible.