Yo, que en soledad miro la vida
escuchando tu mirada en el silencio
insufrible de mi calma,
yo, que en soledad oigo la muerte
renombrando tu mirada con un grito
imposible en mi garganta;
yo, que en soledad huelo el ocaso
retocando tu mirada en el espejo
biselado de mi alma,
yo, que en soledad tacto las penas
revisando tu mirada en la candela
apagada que me alumbra;
yo, que en el estío de mi vida
encierro en mis arrugas tu mirada,
espanto las cabriolas de mi suerte
cortejando galante a mi destino
con versos bautizados en la pila
donde yace sepulto mi camino.
JOSE ANTONIO GARCIA CALVO