Priscila Acevedo

XV

Un alma sensible pero valiente,

se ve obligada a dejar su niñez,

y caminar hacia el horizonte de la adultes,

una nueva etapa emocionante y escalofriante a la vez.

 

Vive con nostalgia en su corazón,

con la soledad presente en su vida,

pero rendirse jamás fue una opción,

más sin embargo amar con devoción fue su pasión.

 

Pero perdió cada vez que apostó,

y su nombre se ocultó entre cuatro puntos,

con el tiempo su dolor cicatrizó,

y aprendió a vivir con la cicatriz.

 

Perdió a su risueñor cuando más necesitaba de su canto,

pero no se detuvo,

siguió adelante aún con quemaduras,

la apariencia de ausencias

 

De su tristeza hizo florecer su armadura,

la felicidad,

y la cura a todos sus males,

se aferró a su sangre,

de la cual brotó su sabiduría.

 

Brillo como la luz de un faro,

aún con la despedida de cientos de barcos veleros,

continuo brillando y aprendió a amar su soledad,

a apreciar las olas de su mar.

 

Conoció la solidaridad de quienes menos lo esperó,

y supo apreciarla,

maduró en la desesperación de sobrevivir,

y aprendió a querer su conocimiento.

 

Sigue sanado sus heridas poco a poco,

sigue cociendo sus pedazos rotos,

disfrutando cada día de su proceso,

y amando lo que es cada día.

 

La felicidad plena aún no llega a su vida,

pero sigue aprendiendo de ella,

y disfrutando cada momento como si fuera el último,

y aún con heridas sigue amando con devoción.

 

Sigue caminando aunque todo vaya en su contra,

porque nació con un ser rebelde,

imparable e indomable,

ya que quien intentó apagarla jamás lo consiguió.

 

Ella luchó y peleó siempre por su razón,

se equivocó y enmendó su error sin importar cuánto doliera,

porque entiendo que es de humanos fallar y de valientes reconocer,

se alejó de personas que aprecio y quiso.

 

ya que entendió que ella era muy diferente a ellos,

y se sentía como un idioma antiguo, intentando comunicarse con este simulacro,

los cuales no eran capaz de entenderla.

 

Y ella no quería ser parte de la borregada,

solo quería ser ella,

así misma dándose la razón que nació para sobresalir no para encajar,

siendo única con su alma tan melancólica y solitaria.

 

Pero jamás perdiendo sus valores,

ni la solidaridad que su familia representa,

vive la vida como si fuera una pequeña adulta,

pero no lo es.

 

Hay tanto que el camino de su vida le ha enseñado,

el regalo de Dios para ella,

al hoy cumplir sus más preciados quince años.

 

 

Priscila Acevedo

03/28/2026