Mi amada es de un pueblo
en el centro del caribe,
un pueblo que
al norte no está,
al sur no pertenece,
el este y el oeste lejos están.
Está en el corazón de mi amada
Forjado bajo la sombra de una chimenea
y cuando esta rugía y rugía
las calles se llenaban de azúcar,
melao y cachipa.
Y en las noches negras,
como un viejo fantasma, los atabales
recorrían las calles, con los lamentos
de los zafreros
Sobre inmigrantes construida
conviven el negro y el mulato,
tierra de poetas, música y
gente buena.
Ya si en el rugir de la chimenea.
Ya sin zafreros.
Ya sin fantasmas ni atabales.
Dos grandes ríos surcan sus tierras
y la gente muere de sed de vida
aunque lleva el nombre de la más Alta Gracia,
la madre del Señor.
No soy de allí, mi amada si,
Y su corazón allí pertenece.
Entre hermosas montañas, la pobreza campea,
la esperanza muere, el pueblo necesita de héroes
que amen tanto a su tierra, que den su vida por ella.
No soy de allí
y me gusta andar por sus calles, de brazos
con mi amada y ver los niños aun jugar por
las calles y en el parque saludar a los míos,
los locos, mis colegas.
Villa, no pertenece ni al sur ni al norte
eres como el corazón en el centro.
Ruge, levántate y como un buen corazón, sé el
timón de desarrollo de toda una nación.
Unida en una sola canción, marca el ritmo,
marca el son y demuestra en una sola voz
que no hay nada mejor que tu amor, tus tierras y
tu pasión.
Y que tu Chimenea, reliquia de tu ser
sea el estandarte para que surjan
nuevas chimeneas para construir en el amor
y que en cada corazón este grabada la estampa de
Catarey.
Villa, Villa, cuan amada son tus calles y tus gentes
por la amada de mi corazón.
-MAURO MA