Miente el hombre en el reflejo
como quien unge su ruina,
se absuelve, se determina
inocente en su pellejo;
teje un dogma en su consejo
y al error le alza un altar,
prefiere antes maquillar
la grieta que lo sentencia;
pues teme más la conciencia
que la verdad al mirar.
Media verdad, filo oscuro,
no es luz, es daga vestida,
cielo y herida partida,
un resplandor inseguro;
en teatro del impuro
la mentira es oradora,
se disfraza redentora
mientras siembra la discordia;
y al alma roba concordia
con su máscara impostora.
Entre naciones se enciende
la retórica del hierro,
cada discurso es un cerro
donde el engaño se tiende;
uno invade y se defiende,
otro acusa y justifica,
cuando toda ley abdica
tras verbo beligerante,
y en nombre de lo importante
la justicia falsifica.
Falacias, eco infinito,
que el mundo aprende a aplaudir,
pues es más fácil mentir
que enfrentar a lo no escrito;
y así el crimen es bendito
si lo firma un estandarte,
o la historia lo reparte
como ese mal necesario;
pero el juicio, milenario,
sabe juzgar y culparte.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026