El loco y sus locuras
Los locos que se van antes de sus sombras
es porque han leído a Cervantes;
el hijo más quijotesco de los hijos de todo el oro de aquel siglo,
el Quijano Alonso de cincuenta mil años
a cuenta de sus novelas de caballería,
que tal alcornoque de cura y de barbero afilado
hicieron de gran parte de las mismas
una hoguera condenatoria,
a espaldas del hombre que locamente se creía,
magnífico y caballeroso contra gigantes de viento
y socorredor astuto y oportuno
de viejecillas que no podríamos imaginar.
Luz y bella del ingenioso.
Lucero de carne virtuoso.
Hermosa lavadora de su alma en pena fatigada,
labras las horas del insomnio de quien decía
tu nombre entre suspiros y humo de pucheros,
a pesar del seso resentido y alienado,
a pesar de la sobrinita esa,
en cuyas pupilas ardieron las llamas de sus libros,
para él nunca fuiste ni Aldonza ni Lorenzo,
mas sí la cautivadora y peregrina Dulcinea.
Irrealmente bonachón, irrealmente iluso;
irrealizable escudero en tu convicción;
soñador de islas, de ínfulas imposibles,
fuiste noble y evidente lazarillo
en pro de la intempestiva ceguera de tu amo,
cuyas ínfulas de ambición desinteresada
te cogieron de la mano con dirección a Barataria.
¡Sancho! ¡Sancho! ¡Sancho!
¡Si los gatos son pardos
o la segunda puerta que se cierra
para que una séptima se abra a la luz manchega del mundo
es porque al final te volviste más o igual de loco
que tu hidalgo prometedor de riquezas,
más de aventuras con sudor y lágrimas y sangre.
Dicen que fue un domingo de octubre
el hecho acontecido que hizo bailar a las estrellas,
pues había ya nacido un mesías literato
un sol eterno llamado Miguel de Cervantes Saavedra.