Se me llenó la memoria,
no de espacio, sino de mí.
Las notas desbordan la pantalla
como si el alma hubiera aprendido
a escribir sin permiso.
Ahora soy más yo,
más crudo, más cierto,
y quiero que ese que fui
no se esconda,
que también respire en lo que dejo.
Escribir ha sido mi fuga,
mi grieta hacia otro cielo,
donde navego entre estrellas cansadas
y girasoles que aún creen en la luz,
aunque el mundo finja perfección.
Recojo imperfecciones,
las hago verso,
las dejo caer como migas
para no perderme en lo que siento.
Dicen que soy portada arruinada,
pero nadie abre mis páginas
sin encontrarse con incendios,
con silencios que gritan,
con todo lo que callé en voz alta.
Mis poemas no son lindos,
son honestos.
Hablan de lo que escondo,
de lo que tiembla,
de lo que vive entre líneas.
Y ahí, justo ahí,
donde nadie mira,
es donde realmente existo.